A Silvia en el trabajo le iba bien, por lo que si cerraba el negocio se llevaría una buena comisión. Había pensado en comprarle un regalo a ella que le daría cuando se viesen en verano, ya estaba más o menos decidido cuándo se iban a ver.
ella: sabes una cosa Silvia?
Silvia: qué?-respondió
ella: que me va a dar mucha vergüenza cuando nos veamos- le dijo tímidamente, muy normal en ella.
Silvia: pero por qué?, yo voy a ser igual, no tendrías por qué.
ella: ya, pero es que.....es la primera vez.-hizo una pausa .- y ... al principio me cuesta mucho. Me van a dar hasta taquicardias.
Silvia: bueno mujer, no pasa nada, es normal, no tienes que ser ni parecer otra cosa, se tu misma, así es como te conozco y así es como me gusta ser tu amiga.
ella: lo intentaré. La sonrisa seguro que no la perderé, pero de puro nervio, jeje.
Silvia: aay piratona que me has robado el corazón -le dijo con un tono muy dulce que provocó en ella una de sus sonrisas más bonitas.
Silvia: esta mañana escuchando una canción he pensado en ti...y me puesto boba.
ella: cuál?
Silvia: Gota de rocío, de Silvio Rodríguez. Lee esto.
Aquellas 2 palabras salieron de su boca sin pensarlo. Había dado un paso de gigante , se lanzó al vacío porque sabía que Silvia estaría debajo para recogerla. Se sentía segura y fue cuando por fin desnudó su alma.
Cuando Silvia escuchó ese "te quiero", no pudo más que sonreir y sus ojos se nublaron de emoción, una emoción tan colosal que hizo que cada centímetro de su piel se estremeciera. Sabía que ella lo decía de corazón, porque lo sentía, la conocía muy bien.
Silvia: yo también te quiero- le respondió seguidamente emocionada y a la vez sorprendida por aquel instante de sinceridad.
Tras un breve momento en el que no hubo palabras, pues sobraban, siguieron su conversación. No querían forzar más la situación porque Silvia sabía que ella se pondría nerviosa. Fue un paso más hacia algo que prometía ser maravilloso.
Silvia: no sé si te he comentado, parece que el negocio va viento en popa, así que si lo cierro en esta semana me llevaré una buena comisión, y... que quiero comprarte un regalo.
ella: no mujer, no hace falta, de verdad.
Silvia: no quiero ninguna negativa, sería todo un placer hacerlo.
Tras una breve discusión tontorrona por lo del regalo, que sí, que no, que no hacía falta, que yo quiero...ella se rindió.
ella: vale, para qué discutir por eso, de todas maneras vas a hacer lo que te de la gana.-dijo riéndose, pues conocía la testarudez de Silvia, y viendo la personalidad que tenía cualquiera la contradecía.
Silvia: umm, creo que ya lo tengo pensado, jeje.
Durante unos días ella no tuvo noticias de Silvia. Por un lado se sentía mal, porque necesitaba hablar con ella, la necesitaba como el comer, pero por otro lado sabía que el trabajo la tenía muy ocupada. Pasaron los días y ella se sentía triste, pero esa tristeza la sentía dentro, no quería que nadie se diera cuenta.
-Hola. ella?
ella: sí?
-Hola, soy Salva.
Se quedó pensando durante unos segundos hasta que reaccionó.
ella: hola Salva.- No dijo nada más pues estaba sorprendida.
Salva: qué tal? -hizo una pausa y prosiguió diciendo- Esto...creo que debes... debes saber una cosa. Como amiga de Silvia que eres....
ella se estaba poniendo muy nerviosa a la vez que sorprendida porque estaba hablando con Salva, la pareja de Silvia. Era una situación extraña, no entendía nada, además de la manera que él hablaba. Tenía una sensación muy rara.
Salva: no sé cómo decirte esto -tomó aire y siguió diciendo- Silvia... Silvia... tuvo un accidente - hizo un pausa y con voz entrecortada consiguió decir- y falleció.
Aquello cayó como una jara de agua helada sobre ella. Se quedó inmóvil, sus pupilas se dilataron, su corazón empezó a latir a un ritmo rápido, su respiración se entrecortaba, sus ojos empezaron a nublarse haciendo que brotaran de ellos lágrimas, unas lágrimas amargas que no pudo contener.
Durante mucho tiempo no podía más que sentirse mal, triste. No entendía la manera de irse Silvia. Manera injusta de esta vida. No se resignaba a creer lo que Salva le dijo, es imposible, Silvia no se ha ido, no puede ser. Su cabeza la atormentaba, pero era normal en estos casos. Por qué, por qué??, se repetía una y otra vez. Poco consuelo tenía, pues la relación de Silvia y ella había sido solo de ellas dos. Por su parte era una relación clandestina, nadie sabía de su existencia, nadie sospechaba nada y era muy duro porque no podía hablar con nadie, no se podía desahogar por más que quisiera. Por el día soportaba una losa en su espalda muy pesada que por la noche soltaba desahogándose, sus ojos eran un manto de lágrimas, se sentía muy afligida.
Pasó el tiempo y con él el aprender a sobrellevar su ausencia pero no olvidar todo lo que la enseñó durante el tiempo que estuvieron juntas.
En algún lugar, en algún rincón de un cajón, se encuentra olvidado un regalo con una tarjeta: ELLA. TE QUIERO



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